No sabía gran cosa de él, sólo que nos conocíamos desde hace más de 15 años, la primera vez que lo ví corría el año 1993, yo tenía 22 o 23 años y acababa de llegar a Delhi, era mi primer gran viaje a otro continente y tenía la inocencia del novato y las ansias del nuevo explorador que llevaba dentro. Todo el mundo me decía cuidado con el agua, siempre embotellada, y la comida muy hecha en India u os buscaís problemas.
Salimos del antro-hotel donde nos alojabamos mi amigo Mayer y yo y nos fuimos a desayunar a la calle, entramos en una especie de tasca hindú y allí nos encontramos con el "Italianito";
Era un camarero indio moreno, menudo y bajito, la cara surcada de arrugas y llevaba una camiseta con miles de desayunos impregnados en ella. Se movía fugaz entre las mesas del supuesto restaurante de unos 10 metros cuadrados, hablaba un inglés malisimo pero, no sé porqué, yo me entendía con él a la perfección. Nos caímos bien al instante, le pedimos un "Banana Lassi" una especie de yogur con platano que es típico aquí. Lo primero que vimos fue como sacaba una enorme piedra de hielo de un arcón de plástico y la molía a martillazos, acto seguido introducía los pedazos en una batidora para después rellenarla con leche y platanos, lo molía todo y nos servía aquel brebaje harto sospechoso. Lo miramos con recelo y nos lo bebimos, estaba de muerte!! Acababamos de aterrizar en India y ya habíamos probado el agua no embotellada.
El italianito nos miraba divertido, me clavaba los ojos como sólo un indio es capaz de hacerlo y acto seguido se marchaba rápido partiendose de risa, no se porque le hacíamos muchisima gracia.
A raíz de aquella simpática experiencia, al Italianito lo bauticé así porque me recordaba al típico italiano de las películas neorrealista con su camiseta sucia trabajando en un restaurante digamos napolitano. Volvimos todos los días a desayunar alllí mientras estuvimos en Delhi.
Al año siguiente volvía la India y lo fuí a visitar de nuevo, él se seguía partiendo de risa conmigo y yo con él. De esta manera tan simple surgió una amistad.
En el año 1999 regresé a Delhi con otro amigo y lo primero que hice fue pasar a verlo, el hombrecillo me miró de soslayo al entrar en el antro y de pronto dijo YOU!!! (TÚ) y una sonrisa de oreja a oreja apareció en su rostro, habían pasado 5 años. Mi compañero se moría de la risa con el Italianito, nos arrojaba los platos de comida en vez de servirlos, nos miraba divertidos de arriba abajo y salía corriendo a la cocina carcajeandose, de nuestras ropas, de mi pelo cada vez menos abundante, o de como usabamos los cubiertos para comer.

Cuatro años más tarde en 2003 regresé a la India con mi compañera y por supuesto volví al restaurante, me presenté allí y nada más verme, el Italianito se me echó encima y me abrazó riendose , mi compañera de viaje no daba crédito a sus ojos. Charlé con él un poco le pedí el consabido banana lassi y lo encontré un poco más viejo, más ajado y oliendo a alcohol, pero seguía teniendo esa mirada pícara y la sonrisa burlona.
Este año 2008 regresé a la India y mi compañera y yo nos encaminamos directamente a la tasca a ver a nuestro amigo que, tan buenos desayunos, nos hacía pasar. Esta vez le llevabamos fotos de veces anteriores y seguro que la sorpresa sería agradable. Llegamos de noche y preguntamos por él, nos atendió el dueño del negocio, un indio enorme gordo y bigotudo, le fui a preguntar por el italianito y me di cuenta de que no sabía su nombre real, entonces le enseñé las fotos y de pronto al dueño le cambió la cara, se puso serio, me miró a los ojos y me dijo a la vez que hacía un gesto con la mano: "Se ha ido al cielo".
Mi compañera y yo nos miramos sorprendidos y rápidamente nos inundó la tristeza. "¿Se ha muerto?" pregunté yo. "Sí", me contestó, "en el 2004, bebía mucho y un buen día se murió".
Nos quedamos descolocados y me puse muy triste, el dueño me pidió quedarse con las fotos como recuerdo y se las dí. Empecé a sentirme un poco culpable de no haberselas dado antes pero ya no tenía solución, él nunca las vería. Nos alejamos de allí y durante nuestra estancia en Delhi nunca entramos a desayunar allí...ni creo que lo haga en el futuro.
El italianito se llamaba "Tagur" y había emigrado, él sólo, de Varanasi a Delhi con tan sólo 10 años de edad. Llevaba 45 años trabajando de camarero en aquel bar. Murió con 55 años de edad.
Un cordial saludo para tí estés donde estés.
Gundi
शान्ति
Salimos del antro-hotel donde nos alojabamos mi amigo Mayer y yo y nos fuimos a desayunar a la calle, entramos en una especie de tasca hindú y allí nos encontramos con el "Italianito";

Era un camarero indio moreno, menudo y bajito, la cara surcada de arrugas y llevaba una camiseta con miles de desayunos impregnados en ella. Se movía fugaz entre las mesas del supuesto restaurante de unos 10 metros cuadrados, hablaba un inglés malisimo pero, no sé porqué, yo me entendía con él a la perfección. Nos caímos bien al instante, le pedimos un "Banana Lassi" una especie de yogur con platano que es típico aquí. Lo primero que vimos fue como sacaba una enorme piedra de hielo de un arcón de plástico y la molía a martillazos, acto seguido introducía los pedazos en una batidora para después rellenarla con leche y platanos, lo molía todo y nos servía aquel brebaje harto sospechoso. Lo miramos con recelo y nos lo bebimos, estaba de muerte!! Acababamos de aterrizar en India y ya habíamos probado el agua no embotellada.
El italianito nos miraba divertido, me clavaba los ojos como sólo un indio es capaz de hacerlo y acto seguido se marchaba rápido partiendose de risa, no se porque le hacíamos muchisima gracia.
A raíz de aquella simpática experiencia, al Italianito lo bauticé así porque me recordaba al típico italiano de las películas neorrealista con su camiseta sucia trabajando en un restaurante digamos napolitano. Volvimos todos los días a desayunar alllí mientras estuvimos en Delhi.
Al año siguiente volvía la India y lo fuí a visitar de nuevo, él se seguía partiendo de risa conmigo y yo con él. De esta manera tan simple surgió una amistad.
En el año 1999 regresé a Delhi con otro amigo y lo primero que hice fue pasar a verlo, el hombrecillo me miró de soslayo al entrar en el antro y de pronto dijo YOU!!! (TÚ) y una sonrisa de oreja a oreja apareció en su rostro, habían pasado 5 años. Mi compañero se moría de la risa con el Italianito, nos arrojaba los platos de comida en vez de servirlos, nos miraba divertidos de arriba abajo y salía corriendo a la cocina carcajeandose, de nuestras ropas, de mi pelo cada vez menos abundante, o de como usabamos los cubiertos para comer.

Cuatro años más tarde en 2003 regresé a la India con mi compañera y por supuesto volví al restaurante, me presenté allí y nada más verme, el Italianito se me echó encima y me abrazó riendose , mi compañera de viaje no daba crédito a sus ojos. Charlé con él un poco le pedí el consabido banana lassi y lo encontré un poco más viejo, más ajado y oliendo a alcohol, pero seguía teniendo esa mirada pícara y la sonrisa burlona.
Este año 2008 regresé a la India y mi compañera y yo nos encaminamos directamente a la tasca a ver a nuestro amigo que, tan buenos desayunos, nos hacía pasar. Esta vez le llevabamos fotos de veces anteriores y seguro que la sorpresa sería agradable. Llegamos de noche y preguntamos por él, nos atendió el dueño del negocio, un indio enorme gordo y bigotudo, le fui a preguntar por el italianito y me di cuenta de que no sabía su nombre real, entonces le enseñé las fotos y de pronto al dueño le cambió la cara, se puso serio, me miró a los ojos y me dijo a la vez que hacía un gesto con la mano: "Se ha ido al cielo".
Mi compañera y yo nos miramos sorprendidos y rápidamente nos inundó la tristeza. "¿Se ha muerto?" pregunté yo. "Sí", me contestó, "en el 2004, bebía mucho y un buen día se murió".
Nos quedamos descolocados y me puse muy triste, el dueño me pidió quedarse con las fotos como recuerdo y se las dí. Empecé a sentirme un poco culpable de no haberselas dado antes pero ya no tenía solución, él nunca las vería. Nos alejamos de allí y durante nuestra estancia en Delhi nunca entramos a desayunar allí...ni creo que lo haga en el futuro.
El italianito se llamaba "Tagur" y había emigrado, él sólo, de Varanasi a Delhi con tan sólo 10 años de edad. Llevaba 45 años trabajando de camarero en aquel bar. Murió con 55 años de edad.
Un cordial saludo para tí estés donde estés.
Gundi
शान्ति

5 comentarios:
Me ha impresionado el relato! Te hace sentir una mezcla de ilusión y esperanza, junto con una gran tristeza. No hay muchas palabras para describirlo.Es mejor leerlo.Me alegro que compartas esas historias con la gente, creo que te aportan ciertas experiencias sin vivirlas. Sigue haciéndolo.
Muchas gracias por tus palabras, esos comentarios animan a uno a seguir escribiendo. De verdad muchas gracias.
Fue realmente una sorpresa ver como aquel hombrecillo te saludaba emocionado.
Y aunque solo lo ví en aquella ocasión, también para mí fue un mazazo el enterarme de que ya no lo veriamos más. Aunque sabiamos que esa posibilidad existía...
Hola Gundi y Leni:
Bonita lectura para empezar este año. Como tú, Gundi, dirías, es guay. Me ha ayudado a recordar qué es lo que de verdad importa. Gracias por hacerme reaccionar.
Feliz 2009 a los dos.
Ana
Gracias a ti, Ana, por tus palabras.
Publicar un comentario en la entrada