.A principios de Octubre salí hacia el sudeste asiático y aquí me encuentro ahora mismo. Entramos (mi grupo y yo) por Bangkok que es una ciudad enorme y caótica, el calor y la humedad son agobiantes, pero la gente y los monumentos bien merecen esta visita.
Después de unos días esquivando coches y Tuk Tuks volamos hacia Laos y más concretamente Luang Prabang. Que cambio!!, este pueblo, antigua capital del reino de Laos, es una maravilla, tranquilo, sosegado y encantador. Se encuentra a la orilla del rio Mekong y está salpicado de templos budistas. Una de las cosas que más me gustó es su mercado nosturno; Puedo presumir de haber visto multitud de mercados, mercadillos, bazares y cosas parecidas por diversos lugares del mundo, pero nunca me había sorprendido tanto la calidad de la artesanía, pero sobre todo la tranquilidad que se respira en él, la calma con que te tratan las vendedoras y además los buenos precios que tiene.
Continuamos ruta hacia el sur y llegamos, cruzando los pasos montañososo del norte, a Vang Vieng. El paisaje circundante es la leche, montañas de caliza a diferentes alturas cuajadas de vegetación y serpenteadas por el rio Nam So. El lugar es muy tranquilo, hasta hace poco era reposo de mochileros que venían aquí a fumar hierba y flipar con la metanfetamina. Poco a poco comienzan a llegar los grupos de turistas, como el que llevo yo pero aún así el encanto del lugar no se pierde y la tranquilidad mora por doquier. Aquí visitamos la cueva de Tham Jang, que no es gran cosa y navegamos por el rio en unas barquitas muy simpáticas. La verdad es que nos quedamos con ganas de hacer más cosas, pues este es quizás el centro de multiaventura más conocido de Laos, kayak, espeleo, escalada, bicicleta, tubing...
Hoy de mañana salimos hacia Vientiang desde donde os escribo sentado en la cama de mi habitación puesto que el hotel tiene Wi fi (va como el culete pero por ahora aguanta). De la capital de Laos poco puedo contar, dado que acabo de llegar hoy mismo de tarde noche, pero están en fiestas y por la orilla del Mekong hay una movida brutal, puestos de comida, atracciones de feria, escenarios, barracas y sobre todo gente gente y gente, lo que más abunda son adolescentes en celo vestidas para matar y con ganas de gritar.
La verdad es que me lo pasé muy bien dando un paseo nocturno por allí, luego cené y ahí creo que me meti en problemas...la calidad del sitio que elegí no era de lo mejor, el pollo al grill tenía un sabor extaño y para colmo pedí una leche de coco y venía a rebosar de hielo (amebas congeladas pudiera ser), en cualquier caso cometí la estupidez de devorarlo todo y esta noche igual tengo movida estomacal ·cum laude·, no se, ya os contaré...


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